
Antes de proponer cualquier signo, el trabajo empezó por entender el terreno competitivo y definir qué debía lograr la marca para funcionar de verdad, no solo para verse bien. Cada dirección de diseño se sometió a un análisis basado en criterios como calidad gráfica, ajuste tipológico, legibilidad, pregnancia, versatilidad y capacidad de crecer en sistema (declinabilidad), evaluando cómo se comportaría el signo frente a la competencia y en distintos soportes. Ese ejercicio fue el que terminó señalando el camino hacia la propuesta final.
El resultado es un logotipo de marca de palabra donde el numeral «7» se convierte en el elemento protagónico. Su trazo angular aporta dinamismo y movimiento —coherente con una empresa que trabaja con sistemas y maquinaria—; su asimetría le da personalidad y evita la rigidez; y su dirección ascendente comunica, casi sin palabras, crecimiento y visión de futuro en una industria en constante evolución. Lo acompaña Mosvita, una tipografía geométrica de trazo limpio y bordes redondeados, cuyas variantes —bold expandida, regular y light— sostienen esa misma idea de modernidad accesible.










